Aleri le prometió a Maya que le enseñaría todas las fotos que hizo en su viaje y haría vídeos, y documentales... ella no tendría problema ninguno en hacer todo eso, ya que había ganado concursos de fotografía y vídeo.
De repente un chirrido de puerta la alteró e hizo que diera un bote, pero pronto reparó en que se trataba de su madre, Aleri quitó el pestillo y abrió la puerta, su madre entró y se sentó con ella. Pronto descubrió que encima de la ropa había una caja de madera.
-Aleri- dijo su madre- ¿llevas más cosas? ¿No crees que te costará mucho llevar tus dos bolsas de mano y la maleta?
-No, mami, esto no pesa nada y me lo ha dado Maya, contiene muchas cosas de verdad- Aleri empezó a contarle con mucho entusiasmo todo lo que la cajita contenía.- ¡lleva hasta dinero!-su madre no daba crédito.
-¿Dinero? ¿Cuánto?- los ojos de la madre de Aleri se abrieron como platos durante unos instantes.
-No mucho, un billete de cinco, además lo usaré para comprarle un regalo, no para llenar mi bolsa de souvenirs sin sentido.
-Que considerada eres- su madre esbozó una sonrisa y se levantó de la cama- tu padre te va a subir la maleta enseguida, vete organizando lo que llevarás en la maleta y en las bolsas, o si quieres coger alguna camiseta más.- su madre salió por la puerta y Aleri puso la radio, le encantaba escuchar música mientras hacía la maleta, la concentraba mogollón. En ese mismo instante, justo cuando puso una emisora que le encantaba, su padre piso la limpia moqueta de Aleri.
-¡Hombre, Ale! Casi no te veo el pelo en todo el día.- su padre estaba muy rebosante de felicidad aquel día, siempre había deseado ir a Montpellier con su familia, quería hacerlo desde joven, cuando aún no sabía quien sería su mujer, ni sabía si tendría hijos.- ¡Has estado con Maya todo el día! Desde por la mañana que solo te he visto cuando me pediste las galletas hasta ahora, ¿que has hecho con ella hoy?- su padre la miró con mucho interés.
-¡Ah! Pues... hoy nos lo hemos pasado de maravilla, cuando me diste las galletas, cogimos la cesta de picnic y las bicis, y nos fuimos a la zona de merienda a desayunar- Aleri rió- eso suena un poco raro, ¿verdad? Después fuimos hasta la playa y recogimos conchas, y nos dimos un baño pero no nos llegamos a mojar el pelo, el agua estaba helada.- el padre de Aleri escuchaba con suma atención porque realmente le interesaban las aventuras de su hija, él era escritor, y la mayoría de sus libros eran relatos sobre las apasionantes historias de Aleri y Maya- y... ¿qué más? ¡Ah, sí! Esto es graciosísimo papá. Cuando nos dirigíamos tranquilamente a la plaza del pueblo del bosque, Maya se paró porque su cadena se le había salido. El panadero pensó que queríamos pan y dulces, y salió con una cesta llena de manjares y panes deliciosos.
-¿Os los dió?-quiso saber su padre.
-¡Oh espera!-Aleri continuó- entonces yo ya había terminado de ponerle la cadena a Maya, y nos pusimos en marcha. El panadero llevaba tanto sin hablar con un niño que quería pan que corrió detrás de nosotras, ¡fué tronchante! Al final nos regaló un bollo. Nos lo comimos enseguida
Fin (de momento) ¿qué os parece?
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