sábado, 25 de julio de 2015

Primer capítulo de "Debajo del infierno" y capítulo "Autie se queda sin ideas"

¡Hola!, bueno, hacía tiempo que no escribía, pero sigo aquí, activa y pensando. Por cierto, ¡nuevas novelas!: Debajo del infierno, Cada uno a su bola, Morir entre salmones, Flotando el domingo y Yo camino con manzanas. Ya tengo el primer capítulo de debajo del infierno y el de Autie se queda sin ideas. 

Este es el primero de Debajo del infierno:



Cuando nos quisimos dar cuenta, ya les habíamos dejado atrás. Aquella señora parecía realmente asustada y triste, y los mismo su acompañante. Pero ellos ya no importaban.
En mi cabeza no paraba de sonar un ruido ensordecedor y cada gota que caía de esa estalactita era un trueno para mí. Cuando aquella puerta no se abría y el guía no tenía las llaves, no se como conseguí no desmayarme. Solo dos linternas a pilas para diez días. Tenía que ser justamente Semana Santa, ¿no? En ese momento mi cabeza no funcionaba correctamente, solo podía pensar en negativo, que cómo íbamos a comer, que dónde íbamos a dormir... quizá solo fuese un sueño. Le pregunté a la señora de gafas claras si podía pellizcarme.
-Para ti... para ti, esto es como un juego, ¿verdad pequeña?
-No señora, se equivoca conmigo
-Hazme el favor, tráeme un pañuelo mojado.
-Está bien, pero luego me pellizcará, ¿no?
-Sí, sí, corre-dijo ella dándome un pañuelo con bordado amarillo.
Fui corriendo hasta llegar a una zona con charcos de agua fría.
Me aproximé a mojar el pañuelo cuando resbalé. Aquel momento me marcó para siempre. Hace de eso mucho tiempo y todavía sigo teniendo una cicatriz.
Cuando abrí los ojos solo éramos nueve, la señora de gafas claras ya no estaba con nosotros y yo estaba en brazos de mi padre.
-Papá... pellízcame.
Mi padre dio un suave pellizco en mi brazo derecho, pero no pasó nada.
-Papá... otra vez.
-Cielo, lo que necesitas es que te hagan una herida, la cabeza te sangra...
-No me asustes...
Volví a cerrar los ojos y cuando los abrí, estaba en el suelo, congelada.
No tenía a nadie a mi alrededor y me incorporé. Estaba en una galería con una salida muy estrecha.
Asomé la cabeza y oí agua fluyendo.
Empecé a gritar fuerte, demasiado fuerte. Una piedra cayó en la pequeña apertura bloqueando así la única salida. Puse la mano contra ella y empujé violentamente.
No se movía. Me giré y vi piedra. En ese momento los calcetines se me estaban empezando a mojar, porque el río se estaba abriendo paso y estaba inundando muy deprisa la galería.
Cuando estuve totalmente sumergida empecé a ver cosas. Era demasiado extraño como para ser verdad. Quizá solo fuese un sueño, como el estar atrapada en esta cueva. Entonces abrí la boca y respiré.

-¡Respira!- dijo una voz conocida.
-Podemos continuar- dijo el guía con voz débil.


No me dí cuenta, mientras estaba en esa galería habían pasado nueve horas. Era de noche y tuvimos que meternos por un camino muy estrecho y empinado. Todo esto solo para llegar a un sitio de capacidad media pero con apertura al exterior. Aunque la apertura no estuviera a nuestro alcance, teníamos cielo que ver. Eso nos recordaba que el mundo seguía allí.

¡Me da miedo hasta lo que escribo yo! Bueno, de momento, eso, y ahora lo de "Autie se queda sin ideas":

Autie se queda sin ideas

Tras discutir varias veces con la señorita Winter, definitivamente, Autumn se había quedado sin pinturas nuevas. Era horrible pintar con aquellas pinturas viejas, gastadas, mordidas... ¡y más para una artista como ella! ¿Y si esas pinturas seguían utilizándose en 2º, 3º y 4º? ¡Oh, no! Eso sería horrible. Esa noche Autie tuvo pesadillas. Se levantó a las seis de la mañana y se propuso dibujar algo tan exótico, tan precioso y con unos trazos tan divinos, que el lunes convencería a Winter de que comprara pinturas de palo y rotuladores nuevos.
Cogió el lápiz, sus pinturas, rotus y ceras, y se propuso a pintar el dibujo más maravilloso de toda su vida. Pero, cuando cogió el boli... abrió los ojos como platos y dijo:
-¿Qué puedo dibujar?


Miró a su alrededor y solo vio lo de siempre: alfombra, libretas, corcho, cómoda... ¡ya está! Sólo tenía que irse de esa habitación, pero lo malo era que... ¡había dibujado en todas las habitaciones! Hasta en el baño, cuando tenía que hacer pis, siempre agarraba el boli y la libreta y hacía diseños y dibujos espléndidos. La única solución era salir de su casa. Podía salir al jardín, a su casa árbol, allí había leído, jugado, hablado... pero nunca había dibujado. El problema era que... no podía salir por la puerta principal.
¿Tendría que salir por la ventana? O... poner una comba desde su ventana hasta la casa del árbol? Aunque... ¿y si se mataba? No, no, esas eran ideas absurdas, además, si tienes confianza, todo es posible, ¿no? No estaba segura de lo que hacía, pero, igual solo le venía inspiración en ese momento, así que... ¡no podía arriesgarse!

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